Salar de Maricunga
El Salar de Maricunga: Un viaje al altiplano de Atacama
Ubicado a 160 kilómetros al noreste de Copiapó, el Salar de Maricunga es una joya natural en el corazón del altiplano de Atacama. Con más de 140 kilómetros cuadrados de extensión, este paisaje de sal y lagunas altiplánicas se encuentra dentro del Parque Nacional Nevado de Tres Cruces, un destino imperdible para quienes buscan aventura y contacto con la naturaleza.
Acceso y recomendaciones
Para llegar al salar, se debe tomar la ruta CH-31, un camino bien señalizado y en buen estado que requiere aproximadamente tres horas de viaje. Es fundamental llevar suficiente combustible, agua y provisiones, ya que no hay abastecimiento en la ruta. Además, es recomendable portar documentos personales, especialmente si surge la necesidad de cruzar a Argentina por el Paso San Francisco.

Las condiciones climáticas pueden ser extremas: aunque el cielo esté despejado, el viento y el frío son intensos, por lo que se recomienda llevar ropa abrigada. Asimismo, la altitud alcanza los 4.200 metros sobre el nivel del mar, lo que puede provocar mal de altura, por lo que es aconsejable aclimatarse y tomar precauciones.
Un santuario de biodiversidad
El Salar de Maricunga alberga una rica fauna nativa. Durante el recorrido es posible avistar vicuñas, zorros culpeo y viscachas, además de flamencos y otras aves que encuentran refugio en la Laguna Santa Rosa, una de las postales más impresionantes del parque. La laguna, con sus aguas de tonos cambiantes, se convierte en un espejo natural que refleja la majestuosidad del entorno montañoso.
Explorando más allá del salar
Desde el Salar de Maricunga, los viajeros pueden continuar explorando la región. Una opción es avanzar una hora más hasta la Laguna Verde, famosa por sus aguas turquesas y su entorno volcánico. También es posible rodear el salar, aunque este camino puede estar en condiciones irregulares, o regresar por la ruta 31 o vía Diego de Almagro.
Para quienes buscan un desafío mayor, la zona ofrece acceso a la Ruta de los Seismiles, un circuito que recorre algunos de los volcanes más altos del mundo, incluido el imponente Ojos del Salado (6.893 m).



Un destino que sorprende en cualquier época
Dependiendo de la temporada, el paisaje del salar puede cambiar drásticamente. En años más lluviosos, el desierto cobra vida con lagunas más extensas y una mayor presencia de fauna. En invierno, la nieve cubre el altiplano y transforma la zona en un espectáculo blanco, similar a un paisaje nórdico.
El Salar de Maricunga es un destino que maravilla a todo aquel que lo visita. Ya sea para fotografiar su biodiversidad, recorrer sus senderos o simplemente admirar la inmensidad del altiplano, este rincón del Parque Nacional Nevado de Tres Cruces es una experiencia inolvidable para los amantes de la naturaleza y la aventura.